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Relaciones humanas.


Siempre se ha sabido que las relaciones humanas son de lo más difícil de manejar. Los seres humanos somos muy complejos y cada uno tenemos un pensamiento propio.  Aunque muchos somos redimidos por la sangre de nuestro Señor Jesucristo, no dejamos de tener una naturaleza pecaminosa, que hace más complicado el asunto.

 

Además de ello tenemos que lidiar con diferentes caracteres, personalidades, modos de ser, idiosincrasia, costumbres, estados de ánimo, problemas ajenos, y como cereza en el pastel, nuestras propias luchas; si somos mujeres, añadimos a la ecuación nuestra carga hormonal.

 

Sin embargo, nada de lo anterior lo debemos usar como pretexto para descargar nuestras frustraciones, amargura o enojo, contra los demás. La Biblia nos invita a tratar a nuestro prójimo como deseamos ser tratados, no importa si merecen o no ese buen trato. 

 

…Enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías…

Gálatas 5:20b

 

Aquí Pablo hace una lista de pecados que cometemos en nuestras relaciones personales. Generalmente los minimizamos, pues no son escandalosos, como son los pecados sexuales. Sin embargo, no debemos olvidar que para Dios no existe pecado pequeño. Para Él, pecado, es pecado. Nosotros somos los que nos atrevemos a darles clasificación y a minimizar o maximizarlos según nuestra conveniencia. 

 

Si deseamos ser cristianos verdaderos, debemos considerar el siguiente versículo:

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Gálatas 5:22-23

 

Si respondemos a los demás con estas cualidades del Espíritu Santo, estaremos glorificando a Dios en todas nuestras relaciones interpersonales y siendo un bálsamo para las personas que nos rodean.

 

¡Tratemos a los demás como deseamos ser tratados!

 

 
 
 

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