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Mi cuidad de refugio.




El libro de números en sus últimos capítulos nos habla de las 6 ciudades de refugio que debía reservar el pueblo de Dios para los asesinos, fuera que hubieran cometido el asesinato de manera dolosa o accidental. Mientras estuvieran dentro de los límites de la ciudad, nadie podía tocarlos ni hacerles nada.

No que estuvieran impunes, sino que en esas ciudades tenían derecho a un juicio, a que fuera revisado su caso, ese asesino tenía la oportunidad de defender su situación.

Hoy en día también existe un lugar de refugio, un lugar seguro donde podemos encontrar un juez justo y ese lugar en realidad es una persona, es Jesucristo mismo. El no deja impune el pecado o la maldad, sino que carga sobre sí mismo nuestro pecado.


Si en el antiguo testamento el asesino se salía de la ciudad de refugio, su vengador podía quitarle la vida y no había manera de defenderlo.


Así que solo en Jesús tenemos la seguridad que, si vivimos en Él y con Él, seremos exonerados de nuestro pecado y maldad, ya que Él ocupo nuestro lugar pagando por nuestra culpa con su propia sangre y muerte en la cruz del calvario.


Así que, si no estás viviendo dentro de la ciudad de refugio, dentro de la voluntad y cuidado de Dios, no esperes estar seguro, ni perdonado, ni a salvo, seguirás expuesto a tus vengadores, a tu propio pecado y tus malas consecuencias.


Ven a Jesús, hoy es día de salvación, no lo dudes más, acude al lugar seguro, al refugio que solo Dios puede brindarte.

 

 

 

 
 
 

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