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La Biblia, la única fuente de verdad.


El siglo XXI ha visto un raudo incremento en el número de filosofías y religiones que dictaminan el pensamiento de la gente. En una sola ciudad podemos observar una enorme gama de creencias: cristianismo, budismo, islam, ateísmo, agnosticismo, entre otras.


Al tener tan cerca una variedad tan colorida de ideologías, una pregunta crucial surge: ¿quién tiene la razón? Jesucristo afirmó en Juan 14:6 que Él es la verdad, excluyendo a todas las otras filosofías del mundo. Como cristianos, creemos que únicamente la Biblia suministra la verdad absoluta.


El relativismo, una de las principales corrientes filosóficas de la actualidad, propone que no existen absolutos. Es decir, la verdad está abierta a interpretación personal. Para el relativista, el cristianismo y el ateísmo, teniendo doctrinas irreconciliables, son ciertos simultáneamente. Claramente, el relativismo falla críticamente en entender un elemento clave de la verdad: su exclusividad. Dos postulados contradictorios no pueden coexistir; solo uno puede ser cierto.


De igual manera, dos creencias opuestas, como el teísmo y el ateísmo, no pueden coexistir. De los miles de ideologías en el mundo, solo una puede tener la razón.

Un país que acepta el relativismo pronto comienza a convulsionarse. Al no haber una autoridad confiable que revele la verdad, cada quien determina qué es, tal como en el día de los jueces. Los nocivos efectos de esto se pueden ver claramente en la Europa actual, donde el relativismo moral ha trastornado la definición del matrimonio y la sexualidad e invertido los valores de la antigüedad, entre otras cosas, descomponiendo el orden de la sociedad.


Evidentemente, el relativismo fracasa tanto en la teoría como en la práctica. Por lo tanto, es necesario determinar qué creencia lleva a la verdad.


¿Por qué los cristianos afirmamos que la Biblia contiene escrita la verdad? Un estudio a fondo de las razones podría llenar centenares de ensayos, por lo que reduciremos nuestro enfoque a las más relacionadas con el tema.


En primer lugar, el hecho de que la Biblia haya sido inspirada por Dios le aporta un formidable grado de legitimidad. Jesús mismo sostuvo la infalibilidad de las Escrituras. Dios, siendo el Creador del universo, conoce a la perfección aspectos de la moral, la realidad y la humanidad que son ocultos a nosotros. La Biblia abarca todos estos temas bajo la autoridad del infinito entendimiento de su Autor.


A diferencia del pensamiento inconstante de la sociedad, las Escrituras sostendrán eternamente sus doctrinas. Al igual que Dios, la Biblia es inmutable. Las palabras que fueron escritas milenios atrás han mantenido su esencia y mensaje hasta el día de hoy, y los seguirán conservando.


Javier Caballero, autor del libro: La Biblia, el mayor “best seller” de la historia, estima que desde la invención de la imprenta en el siglo XV se han vendido más de seis mil millones de ejemplares de la Biblia en alrededor de cuatrocientos cincuenta lenguajes en todo el mundo. A través de los siglos, las Escrituras han guiado a culturas enteras por el único camino correcto. Sus historias confirman la veracidad de la Biblia. Los británicos, quienes alcanzaron su apogeo cuando se acercaron más a Dios, ilustran esto claramente.


La autoridad de las Escrituras se extiende a tres áreas esenciales: la moral, la filosofía y las leyes. Al ser Dios nuestro Juez, Su Palabra, no la opinión del hombre, dictamina el código moral del universo. La Biblia también tiene la última palabra en asuntos relacionados a la filosofía y la ciencia; toda teoría humana que la contradiga debe ser descartada inmediatamente. De igual manera, toda legislación que desacredite los valores Bíblicos no puede ser apoyada por los creyentes. Un sistema de leyes exitoso se basará únicamente en los lineamientos morales y sociales fijados por Dios.


Autor

José Pablo Muñoz Guerrero

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