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El Rey fuerte y humilde.




¡Todos, admiren Su gran majestad!

Desde Su trono Él ve la Creación,

El Rey de gloria y de potestad;

Él la conduce con gran perfección.


El Creador en enorme bondad,

Abandonó toda exaltación;

Se despojó de Su divinidad,

Para pagar nuestra condenación.


En Belén Él nació con humildad,

En inigualable Encarnación;

¡A Jesucristo en pesebre mirad!

Pobre el Hijo vivió en sumisión.


¡Excelente vida de santidad!

No cometió nunca perversidad;

¡Profundo ejemplo de benignidad!

Sujeto el Hijo mostró lealtad.


Pero no reflejaron caridad;

Lo asesinaron en humillación;

Su cruenta cruz no le tuvo piedad;

Herido el Hijo murió en traición.


¡Cuán grande amor por la humanidad!

El universo calló ante esta acción;

¡Vemos atónitos su soledad!

Y sus estrellas su crucifixión.


Por tres días ganó la oscuridad:

En la tumba yació el Rey de Sion;

Satanás se gozó en su maldad;

El Hijo descansó en abnegación.




Pero el domingo con jovialidad,

La Creación cantó en adoración:

“¡Hoy el nombre de Jesús levantad!

¡El Hijo revocó la maldición!”


¿Cuál fue el propósito de Su misión?

Librar al pecador de su maldad;

El pecado solo trae perdición;

Clama al Hijo; ¡Él da libertad!


Un día Él regresará en autoridad,

En real y gloriosa aparición;

Nos arrebatará con majestad,

Y gozaremos con Él salvación.



Autor: José Pablo Muñoz Guerrero.

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