El mesías profetizado.
- Tere Guerrero
- 6 dic 2023
- 3 Min. de lectura

Cuando estudiamos el Antiguo Testamento podemos observar pasajes que parecen ser un eco de Jesús. Estas porciones proféticas de las Escrituras muestran la silueta del Mesías. Estas profecías mesiánicas contienen un valor teológico invaluable.
Ayudan a iluminar pasajes posteriores complicados. Igualmente, proveen evidencia irrefutable en la cual basar nuestra fe. Sin embargo, necesitamos preguntarnos si realmente son tan inerrantes como creemos. ¿Qué evidencia hay para soportar la validez de éstas? Al analizar estas profecías y sus contextos nos podemos dar cuenta rápidamente de su veracidad y de que apuntan directamente a Jesús como el Mesías.
El Antiguo Testamento está repleto de profecías del linaje de Cristo y de Su nacimiento. En II Samuel 7 leemos cómo Dios le promete a David que el Mesías sería de su descendencia. Más adelante en Malaquías 5:2, descubrimos que nacería en Belén. Después, en Isaías 7:14 encontramos una profecía única: Cristo nacería de una virgen. Isaías 60:6 profetiza la visita de los sabios del oriente, describiendo incluso que le iban a regalar oro e incienso.
La siguiente sección de profecías que vamos a examinar es la del ministerio terrenal de Jesús. Isaías habló extensamente de este tema. El capítulo 9 lo introduce: habría de comenzar en Galilea. El capítulo 35 añade que sería un ministerio de milagros. Finalmente, el capítulo 53 agrega que amaría a los pecadores. Zacarías 9:9 concluye esta sección con la entrada triunfal en Jerusalén sobre un asno.
El grupo más grande de profecías habla sobre los últimos momentos de la vida del Señor. Zacarías cubre ampliamente la traición de Judas. Nos revela que Jesús sería vendido exactamente por treinta piezas de plata las cuales se iban a echar en el Templo posteriormente. La precisión de esta profecía en específico asombra incluso a los más eruditos. El Salmo 55:12-14 complementa amargamente a los pasajes de Zacarías al añadir que sería traicionado por un amigo íntimo.
Isaías 53 nos da un vistazo a la reacción de Jesús a Su juicio: silencio. No intentó defenderse de las acusaciones de los testigos falsos que el Salmo 35 describe.
Se dice con frecuencia que los pasajes del Antiguo Testamento sobre la crucifixión proporcionan una imagen más viva que los Evangelios. Y esto no es exageración. Isaías 53 nos brinda un panorama espiritual de lo que estaba sucediendo: el Ungido de Dios estaba pereciendo en nuestro lugar.
El Salmo 22 también detalla múltiples padecimientos de Cristo al morir. Estaría rodeado de burlas mientras repartían suertes por Su única pertenencia, Su ropa. Sus manos y pies serían perforados, tal como en la crucifixión. Es importante resaltar que este Salmo fue escrito siglos antes de que los romanos implementaran la crucifixión, pero aún así menciona uno de los aspectos más característicos de ésta. También indica que ninguno de los huesos de Jesús sería quebrantado. Finalmente, este Salmo hace alusión a que el corazón de Cristo literalmente explotaría al morir. Isaías 53:9 termina señalando que sería sepultado en la tumba de un rico.
Jesucristo encarnó estas profecías y las otras casi 300 referencias a Él en el Antiguo Testamento. Cada una de ellas fue cumplida al pie de la letra en la vida de nuestro Señor. Frecuentemente se intenta argumentar que los escritos del Mesías fueron posteriores a la vida de Cristo. Sin embargo, un breve estudio de los manuscritos Bíblicos destroza esta creencia. En primer lugar, se ha comprobado que el Antiguo Testamento que tenemos actualmente es igual al original. En segundo lugar, pasajes proféticos claves como Isaías 53 y el Salmo 22 datan respectivamente alrededor de los siglos VIII y XI A.C.
La validez de estas profecías es fuertemente respaldada por su amplitud. Abarcan plenamente la vida de Cristo de principio a fin y la reacción de la gente a Él. Irónicamente, aunque los judíos ahora nieguen que muchos de estos pasajes hablan sobre el Mesías, los rabinos de ese tiempo los interpretaban así.
La evidencia es contundente. Estas profecías prueban sin lugar a dudas que Jesucristo fue el Mesías esperado de los judíos. De igual manera, suministran un fundamento inquebrantable para nuestra fe. La única explicación satisfactoria para interpretar estos Escritos es que son la Palabra directa de Dios.
Autor: José Pablo Muñoz Guerrero.

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